Las estadísticas son lo más impersonal que existe. Hay millones de habitantes en tal o cual ciudad: yo, tú, él, ella, somos un porcentaje minúsculo, ridículo y hasta avergonzado ante un número titán. Sabemos que nos han contado pero al mismo tiempo no hacemos diferencia. Estar o no estar aquí da lo mismo. Si estamos es como si no estuviéramos y si –por alguna razón- no estuviéramos, sería como si estuviéramos. ¿Ser o no ser? Pregunta necia: da lo mismo.
Aún cuando nos especificamos bajo alguna característica desaparecemos adocenados sin clemencia, por ejemplo (y dejo volar la imaginación):
¿Cree usted que la selección peruana irá al próximo mundial de fútbol?
Si: 5%
No: 90%
No sabe / No opina: 5%
¿Cree usted que el “catolicismo protestante” fue una forma de oportunismo político?
Si: 51%
No: 0%
Sí sabe pero no opina: 49%
Y así… uno se pierde entre miles. Estamos y no estamos al mismo tiempo (que es lo que algunas niñas malas de la adolescencia sostenían sin aparente cargo de conciencia).
Pero hay estadísticas que pueden alegrar a una mayoría: "baja el porcentaje de asesinatos en la isla" (es un decir). Otras pueden entristecer a una minoría: "baja el porcentaje de votos independentistas en Puerto Rico" (es otro decir).
Todo esto viene a que recibí un e-mail hace poco. Acabada la primera vuelta de las elecciones en el Perú, me enviaron los resultados de las votaciones de los peruanos en Puerto Rico y me he dado con una sorpresa: Estoy, personalísimo, en esas estadísticas. Soy, existo. Al lado de los porcentajes han consignado el número de votantes para cada candidato y allí aparecen los ganadores en primer lugar y luego, bajando tenebrosamente la lectura, uno va encontrando a los candidatos menores aunque también con una cantidad de votos útiles al menos para marcar presencia.
Obviamente sentí mucha curiosidad por mi candidata pero no la encontré al primer vistazo, luego me di cuenta de la situación: ella y yo estábamos ahí, confinados a la última línea. Susana Villarán: total de votos en Puerto Rico: 1. (omito el porcentaje por razones estéticas).
Así, solito, me he visto por primera vez en las estadísticas impersonales. He corrido a llamar a Lima para contar la anécdota, ese 1 de allí soy yo. Se han reído un buen rato al otro lado de la línea. Así es el fútbol, dicen en la patria, los que perdieron el gol.
No he recibido los resultados de la segunda vuelta, pero no importa. Allí no estoy. Mi voto esta vez fue viciado con un poemilla travieso y sin compromiso. Estoy seguro de haberme perdido ahora en la minoría llorosa que lamenta la falta de opciones buenas para el país. Mi aparición en las estadísticas ha terminado, ahora soy parte de un grupo de inconformes o mejor dicho: estadísticamente, he vuelto a no existir.
Aún cuando nos especificamos bajo alguna característica desaparecemos adocenados sin clemencia, por ejemplo (y dejo volar la imaginación):
¿Cree usted que la selección peruana irá al próximo mundial de fútbol?
Si: 5%
No: 90%
No sabe / No opina: 5%
¿Cree usted que el “catolicismo protestante” fue una forma de oportunismo político?
Si: 51%
No: 0%
Sí sabe pero no opina: 49%
Y así… uno se pierde entre miles. Estamos y no estamos al mismo tiempo (que es lo que algunas niñas malas de la adolescencia sostenían sin aparente cargo de conciencia).
Pero hay estadísticas que pueden alegrar a una mayoría: "baja el porcentaje de asesinatos en la isla" (es un decir). Otras pueden entristecer a una minoría: "baja el porcentaje de votos independentistas en Puerto Rico" (es otro decir).
Todo esto viene a que recibí un e-mail hace poco. Acabada la primera vuelta de las elecciones en el Perú, me enviaron los resultados de las votaciones de los peruanos en Puerto Rico y me he dado con una sorpresa: Estoy, personalísimo, en esas estadísticas. Soy, existo. Al lado de los porcentajes han consignado el número de votantes para cada candidato y allí aparecen los ganadores en primer lugar y luego, bajando tenebrosamente la lectura, uno va encontrando a los candidatos menores aunque también con una cantidad de votos útiles al menos para marcar presencia.
Obviamente sentí mucha curiosidad por mi candidata pero no la encontré al primer vistazo, luego me di cuenta de la situación: ella y yo estábamos ahí, confinados a la última línea. Susana Villarán: total de votos en Puerto Rico: 1. (omito el porcentaje por razones estéticas).
Así, solito, me he visto por primera vez en las estadísticas impersonales. He corrido a llamar a Lima para contar la anécdota, ese 1 de allí soy yo. Se han reído un buen rato al otro lado de la línea. Así es el fútbol, dicen en la patria, los que perdieron el gol.
No he recibido los resultados de la segunda vuelta, pero no importa. Allí no estoy. Mi voto esta vez fue viciado con un poemilla travieso y sin compromiso. Estoy seguro de haberme perdido ahora en la minoría llorosa que lamenta la falta de opciones buenas para el país. Mi aparición en las estadísticas ha terminado, ahora soy parte de un grupo de inconformes o mejor dicho: estadísticamente, he vuelto a no existir.