Hasta hoy no conocía la página web del Arzobispado de Lima (http://www.arzobispadodelima.org/), pero un medio de noticias me llevó por ahí y pude leer el pedido que hace el cardenal Cipriani a los católicos peruanos (e imagino que es un pedido extensivo a todo el mundo) de no ir a ver la película El Código Da Vinci que está próxima a estrenarse también en Lima.“Asistir a verla supone una voluntaria cooperación al mal ya que, en último término, se colabora al éxito económico de quienes han producido o distribuido esta obra que ataca a la fe en la Iglesia Católica y a la vida de Jesucristo de manera grosera.” -Dice la nota doctrinal-.
Bajo esta lógica no habría que ir a ver película alguna, la cartelera está llena de violencia, muerte, intrigas, dolor y un amplio etcétera y no he visto por ahí alguna preocupación tan puntual del cardenal. ¿Es el ataque a la Iglesia lo que le preocupa? La Iglesia ha sido atacada todos los días de su larga existencia, ¿Por qué ahora hay homilías y hasta una nota doctrinal?
No creo que sea el hecho de que el Opus Dei es desdibujado en la novela original, porque este cardenal se debe a todos los católicos peruanos y no sólo al Opus Dei, eso sería ser mal pensado. Entonces… Mami ¿qué será lo que quiere –o no quiere- el negro?
No lo se, y creo que no debe importarnos mucho. Creo que estamos además ante un tremendo paso en falso. La petición de no verla en este momento con seguridad ha convencido a muchos que ahora irán definitivamente para ver de qué se trata. Y es que no se puede pensar por el resto, a la gente le gusta sacar sus propias conclusiones, utilizar su criterio, su libertad, también estar cerca de la tentación; a las personas no les gusta que piensen por ellas, salvo en casos de organizaciones en las que uno empeña sus criterios y vive feliz con su terrenito asegurado en el más allá, pero eso no viene al caso. ¿No?
Leí la novela de ficción El Código da Vinci hace algún tiempo y me pareció tremendamente entretenida, sin mucho brillo literario, pero muy ingeniosa y –repito- muy entretenida. Nada más. No creo que sea capaz de quebrantar una fe, aunque sí creo que puede inquietar convicciones superficiales que por el bien de todo el mundo y sobre todo de la Iglesia Católica sería mejor poner a prueba de una buena vez.
Por lo tanto mi consejo (si alguien necesita uno al respecto) es: Vayan a ver la película (cosa que yo trataré de hacer apenas pueda). Es una pena tener que discrepar con el cardenal y arzobispo de Lima, pero creo que me repondré (la vida es dura para algunos católicos peruanos).
Creo que la preocupación del arzobispo (y cardenal) es exagerada y que su estrategia voluntaria ha cooperado involuntariamente al éxito económico de quienes han producido esta obra, pero en fin: cada uno es dueño de sus preocupaciones (y de sus estrategias). Mi problema ahora es que las preocupaciones son contagiosas (las estrategias no) y acaba de surgirme una preocupación alterna que es en realidad una pregunta: ¿Estará preocupado Dios? ¿Será más doloroso el mundo ahora que existe esta novela? Con todo mi corazón espero que no, aunque soy muy influenciable y de esta preocupación ya es más difícil reponerse… avizoro que esta noche no podré dormir.
