mayo 15, 2006

Preocupante Da vinci

Hasta hoy no conocía la página web del Arzobispado de Lima (http://www.arzobispadodelima.org/), pero un medio de noticias me llevó por ahí y pude leer el pedido que hace el cardenal Cipriani a los católicos peruanos (e imagino que es un pedido extensivo a todo el mundo) de no ir a ver la película El Código Da Vinci que está próxima a estrenarse también en Lima.

“Asistir a verla supone una voluntaria cooperación al mal ya que, en último término, se colabora al éxito económico de quienes han producido o distribuido esta obra que ataca a la fe en la Iglesia Católica y a la vida de Jesucristo de manera grosera.” -Dice la nota doctrinal-.

Bajo esta lógica no habría que ir a ver película alguna, la cartelera está llena de violencia, muerte, intrigas, dolor y un amplio etcétera y no he visto por ahí alguna preocupación tan puntual del cardenal. ¿Es el ataque a la Iglesia lo que le preocupa? La Iglesia ha sido atacada todos los días de su larga existencia, ¿Por qué ahora hay homilías y hasta una nota doctrinal?

No creo que sea el hecho de que el Opus Dei es desdibujado en la novela original, porque este cardenal se debe a todos los católicos peruanos y no sólo al Opus Dei, eso sería ser mal pensado. Entonces… Mami ¿qué será lo que quiere –o no quiere
- el negro?

No lo se, y creo que no debe importarnos mucho. Creo que estamos además ante un tremendo paso en falso. La petición de no verla en este momento con seguridad ha convencido a muchos que ahora irán definitivamente para ver de qué se trata. Y es que no se puede pensar por el resto, a la gente le gusta sacar sus propias conclusiones, utilizar su criterio, su libertad, también estar cerca de la tentación; a las personas no les gusta que piensen por ellas, salvo en casos de organizaciones en las que uno empeña sus criterios y vive feliz con su terrenito asegurado en el más allá, pero eso no viene al caso. ¿No?

Leí la novela de ficción El Código da Vinci hace algún tiempo y me pareció tremendamente entretenida, sin mucho brillo literario, pero muy ingeniosa y –repito- muy entretenida. Nada más. No creo que sea capaz de quebrantar una fe, aunque sí creo que puede inquietar convicciones superficiales que por el bien de todo el mundo y sobre todo de la Iglesia Católica sería mejor poner a prueba de una buena vez.

Por lo tanto mi consejo (si alguien necesita uno al respecto) es: Vayan a ver la película (cosa que yo trataré de hacer apenas pueda). Es una pena tener que discrepar con el cardenal y arzobispo de Lima, pero creo que me repondré (la vida es dura para algunos católicos peruanos).

Creo que la preocupación del arzobispo (y cardenal) es exagerada y que su estrategia voluntaria ha cooperado involuntariamente al éxito económico de quienes han producido esta obra, pero en fin: cada uno es dueño de sus preocupaciones (y de sus estrategias). Mi problema ahora es que las preocupaciones son contagiosas (las estrategias no) y acaba de surgirme una preocupación alterna que es en realidad una pregunta: ¿Estará preocupado Dios? ¿Será más doloroso el mundo ahora que existe esta novela? Con todo mi corazón espero que no, aunque soy muy influenciable y de esta preocupación ya es más difícil reponerse… avizoro que esta noche no podré dormir.

mayo 07, 2006

El otro París

Un París en el que nunca sale el sol es el hábitat pasajero del narrador y sus amigos. Éstos viven en escenarios oscuros: Lavadores de platos en un segundo sótano, estudiantes noctámbulos, reconocedores de alcantarilla, putas graduadas en una universidad patria y lejana, se encuentran en una ciudad muy bella para dar marcha atrás y muy fea para ser final del camino.

El Síndrome de Ulises (Santiago Gamboa, 2005), es una estupenda novela sobre el destino de estos inmigrantes en París. A la historia del narrador, un aspirante a escritor confundido de futuros y de amores, se suman las historias de sus allegados, la mayoría marginales en ese contexto. Lugares de Africa, Asia, América Latina y hasta la Europa ex - comunista han expelido hijos que ahora conviven en “chambritas” de 3 por 3, contándose las penas y las esperanzas.

Los personajes de la superficie, inmigrantes con dinero, escritores consagrados, ciudadanos establecidos, participan también de esta historia como punto de apoyo, como referencia venidera, mientras los sufrientes del síndrome se consuelan como pueden (con una casual y entusiasta vida sexual).

Los problemas, las culpas, las apatías, las encrucijadas, como todo, siempre tienen alguna solución, lo único insoluto es el amor, porque el amor no se resuelve nunca, sólo se decide por un camino u otro y todos los caminos consuelan y todos los caminos duelen. Por ello, es el azar el que ayuda: Saca tú una carta y yo saco otra. La carta mayor habla.

Si sólo fuera París y sus pobrecitos venidos de afuera, esta historia sería entretenida. Pero esto va más allá de París, hasta nuestros sitios de lectura, porque todo ser humano es emigrante. Todos queremos llegar a algún lugar, todos queremos dejar algo atrás. Pensar en una brisa futura o querer borrar una tormenta pasada nos delata. En todo caso, no recomiendo perderse esta novela.