febrero 28, 2006

Quipu descentralizante

Consulto cada vez que puedo (mucho menos de lo que quisiera) algunos blogs de temática literaria del Perú. Esta vez me animo a recomendar la lectura de uno:

http://quipu1.blogspot.com/

Un quipu es un instrumento prehispánico en forma de soguillas anudadas que aparentemente servía para llevar cuentas, aunque se ha sostenido que era una forma de escritura incaica (pongo un rostro más que escéptico).

Tan buen nombre ha sido puesto a un nuevo blog que tiene una interesante premisa: convocar a escritores de todo el país para formar un comité de evaluación de cuentos que enviarían escritores jóvenes que, en otras circunstancias, tendrían un difícil acceso a la vitrina editorial. En un contexto en el que algunos escritores acusan a otros de monopolizar esa vitrina editorial y televisiva (que es por demás centralista) desde Lima, este aporte es creativo y creo que valioso.

El comité ya se ha formado, los escritores jóvenes ya están enviando sus cuentos y los primeros publicados, con el aval de haber pasado un primer filtro evaluador, están mostrando un talento provinciano que hay que aplaudir. Les comparto esta iniciativa de mi país y les animo a que lo visiten.

El autor de la idea es Gustavo Faverón Patriau, profesor de literatura latinoamericana, quien, a su vez, tiene un interesante blog personal. (
http://puenteareo1.blogspot.com/).

febrero 07, 2006

Dilecto disparate

DISPARATE n. m. Dicho o hecho contrario a la razón, a la normalidad o a determinadas reglas establecidas. 2. Fam. Atrocidad, exceso.
(Pequeño Larousse Ilustrado)

¡Esto es un disparate! –le grité por el hilo telefónico- ¿Cómo se te ocurre?

Mi amiga del alma, casi una hermana, me llamaba desde Lima para contarme –algo contenta y algo avergonzada- que se casará el próximo mes con un jovencito que hasta hace unas semanas era su alumno en la facultad de Filosofía. Ya había oído de él. Es un chico desenfadado y tosco que no se hace problemas en piropear a “la cátedra” quince años mayor que él.

Ya era tiempo –le había bromeado yo, por e-mail, unas semanas antes- ya saliste con alguien, ahora te falta aprender a seleccionar: biología básica, Darwin, mamay. Ambos nos reíamos de lo que desde aquí se veía como una aventurilla de un solo sol (o una sola luna). Ahora esto se salía de carril. ¿Casarse? No hay forma de que esta ocurrencia termine bien –le dije-, te llamaré en una semana y espero que ya se haya acabado el chiste… ¿Ok?

Su silencio me hizo sentir culpable, después de todo me llamaba buscando complicidad, pero me era imposible dársela ante semejante especie. Finalmente habló, con voz testamentaria, Einstein de niño, condescendiente con el profesor que lo expulsa de la Escuela: Sí, es un disparate. Lo es –reafirmó- no lo discuto. Ahora dime: ¿No es el disparate el dilecto detonante de la felicidad?

Demoré en responder.

Ahora –dijo antes de colgar repentinamente- te llamaré en una semana y espero que ya hayas comprado tus pasajes ¿Ok?